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Blog dedicado a los barrios de Chacarita, Colegiales y Villa Ortúzar. Este blog es una extensión de la revista gráfica Aquende, que se edita hace 29 años ininterrumpidamente.
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domingo, 9 de octubre de 2011

Humor por Claudio Kappel publicado en Aquende soporte gráfico, mes octubre

"No es caprichoso ni capcioso que el autor cobre el 10%"

POR Guido Indij*

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El grito libertario de Horacio Altuna ha sido: “si pudiera, los editores tradicionales no me verían más un pelo“. Lo hace en una destacada nota en Clarín. No recuerdo haber visto, en los últimos años, otras notas destacadas por lanzamientos de libros de Altuna, así que concluyo en que la movida le salió bastante bien. Es una movida de provocación que alguien puede hacer cuando se esta quedando pelado. Y cuando ese alguien es Altuna, o sea, cuando ese alguien es un artista talentoso, consagrado, que maneja un tema de interés universal y ya construyó un público. Cuando se está de vuelta.
Esta estrategia del portazo ya la había probado antes, con resonante resultado mediático, su editor Hernán Casciari, otro talentoso, que a fin del año pasado había renunciado pública y estruendosamente a seguir colaborando con importantes matutinos de todos los continentes.
Pero no quiero simplemente señalar que ambos, Casciari y Altuna, ya habían construido -a lo largo de los años y del ejercicio del talento propio- su público seguidor y su lugar en el mundo a través de la edición tradicional (libros, diarios, presencia en Ferias, marketing) y de la publicación 2.0 (blog) y que sólo se puede amenazar con dar un potencial portazo y obtener repercusión mediática al hacerlo cuando se es ya una celebridad. Sino que, por lo menos hasta ahora, la edición tradicional y el sistema de los medios son necesarios para acceder a esa celebridad. Me gustaría subrayar, entonces, que el descubrimiento y la construcción del autor es parte de la tarea de los editores.
Sin embargo la idea de la búsqueda y construcción de opciones de publicación y circulación alternativas al mainstream es siempre bienvenida. Y casos decididos y arriesgados como el de Orsai, me resultan especialmente respetables y dignos de admiración.
¡Ya estoy suficientemente cansado de oír despedidas y agradecimientos por los servicios prestados a Gutenberg por los apólogos de la pararreligión tecnológica y ahora debo escuchar infamados e infundamentado adioses a la industria editorial por autores a los que sigo y respeto!
Altuna (que dedica parte de su tiempo a colaborar con una agencia que protege los derechos de autor de artistas visuales españoles) cuestiona el porcentaje que cobran los autores, entre el 8 y el 12% del precio de tapa de las publicaciones, cuando en su nueva publicación (solo accesible a través de la venta directa) cobrará el 50% de regalías. Señala también que al llevarse los distribuidores una enorme tajada, los principales perjudicados son los extremos de la cadena: autores y lectores.  Despotrica en tercer lugar por la poca transparencia de las liquidaciones de los libros de su autoría. Los mismos argumentos se leían en la carta pública de renuncia de Casciari a seguir publicando en circuitos tradicionales.
Intentaré agregar, desde mi experiencia profesional, algo de luz a estas tres cuestiones por los cuales Altuna muestra legítimo interés.
Primero diría que si, que como supuso Casciari, es económicamente viable editar libros de lujo de edición limitada de dibujos de mujeres hot por Altuna a través de un sistema de venta directa por internet pagando el 50% de regalías al autor. ¡Y le va a ir bien con este título en particular! Lo que no es correcto es inducir a los autores a pensar que pueden solicitar las mismas condiciones a sus editores cuando estos participan de la ecología del libro basada en redes de colaboración comercial entre editores, distribuidores, librerías y lectores. Redes que, en épocas de cambios tecnológicos, debemos empeñarnos en cuidar y fortalecer si queremos que sigan apareciendo nuevas voces de autores que aún no tienen la vaca atada y editores que realizan apuestas verdaderamente arriesgadas.
Para los que no están familiarizados con la economía básica del libro trataré de sintetizarla brutalmente. En el circuito tradicional, que por un texto se pague a su autor 10% del precio de tapa del libro no es caprichoso, ni capcioso. Es matemático. Tampoco significa que el editor “se quede” con 90% de la torta. La cuenta que hace un editor es la siguiente. Si el papel y la tinta cuestan $20, un libro se ofrecerá a $100. En algunos países, en algunos mercados, en algunos nichos y en algunas editoriales esa variable, 5 (la diferencia entre 100 y 20), puede ser otra, 6, 7, (o más cuando el la tirada es alta y el costo unitario baja) pero difícilmente sea un factor menor a 5. El lego dirá que el editor se queda con la parte del león. Y habrá que explicarle que de esos $100, en los países en los cuales el libro esta exento de IVA, es el distribuidor quien se queda con $60 (o más) y que los $40 que reciba el editor habrán de ser repartidos de la siguiente manera: $20 serán para pagar el libro en tanto objeto hecho de papel y tinta, $10 serán para el autor, como se había establecido previamente (y de mutuo acuerdo) y otros $10 estarán destinados a pagar alquileres, sueldos, cargas sociales, impuestos, servicios, prensa, promoción... Así como a separar alguna utilidad pretendida por el editor en tanto emprendedor, otra parte para destinar a la impresión de próximos libros, a participaciones en Ferias y por supuesto, a soportar la dotación de obsolescencia, o sea, los ejemplares que se entregarán para prensa, se dañarán o simplemente no habrán de venderse, asumiendo que el editor no ha sido capaz de prever una edición exacta para alcanzar ventas del 100% de la tirada. 
Se pensará entonces que es el distribuidor quien se lleva la tajada más salvaje: $60, o sea, ¡60% del Precio de Venta al Público! Éste explicará que no todo es para él. Que del PVP, un 35, 40, 45% se lo quedan los libreros. Que incluso las cadenas le exigen 50% (y más). Argumentará que su margen representa apenas un 12 o 15% del PVP, y que con eso debe soportar alquileres, sueldos, almacenaje, armado de pedidos, repartos, fletes, devoluciones, y sobre todo, el riesgo crediticio del giro comercial que realiza en nombre del editor. Son argumentos entendibles.
40 y 50 es para el librero. Mucho, ¿no? Relativamente si pensamos en los descuentos de las tarjetas de crédito, en la cantidad de metros que exige la amplísima oferta que debe exhibirse, los sueldos calificados (en aquellas librerías en las que aún hay libreros), la amplitud horaria y sobre todo y especialmente el elevado costo del alquiler.
Hacer que un libro circule no es fácil. Se debe comprender un delicado entramado del cual participan decenas de miles de trabajadores de la cultura. Y el costo de todo ello lo soporta el precio del libro, lo paga el lector.
Por lo antedicho, no creo que en el extremo de la cadena comercial del libro estén los libreros, ni los lectores. Quienes sí están son los rentistas. A los propietarios de los locales, y a las corporaciones dueñas de los shoppings, lo mismo les da que los locales de las librerías sean espacios de venta de zapatos, pizzerías al paso o sucursales bancarias. Y no dudaría en calcular que es más del 10% del PVP el que va a parar a los bolsillos de los especuladores inmobiliarios.
Pero lo más doloroso es que Caciari y Altuna se sientan estafados por su anteriores editores. Es una situación lamentable y seguramente no excepcional. Pero es injusto establecer calificaciones universales a partir de esas experiencias personales. En el simpático book trailer de su nuevo libro anuncian que el  registro corresponde el primer contrato sin la presencia e intermediación de abogados y representantes... Me sorprendió, porque acá atrás mío hay unos biblioratos con trescientos tantos contratos que tampoco fueron mediados por profesionales de las leyes, aunque en unos pocos sí intervinieron representantes con los que los escritores más demandados me pidieron que negocie las condiciones particulares de sus contratos. Muchos de ellos son contratos con autores que han publicado conmigo, con mi editorial, no uno, o dos, sino varios títulos, lo que a priori indicaría su satisfacción con el trato brindado y las buenas prácticas con las que sus obras fueron acogidas, editadas y puestas en circulación.
Mi caso tampoco es excepcional, sino más bien la regla en el mundo de la edición independiente, ciertamente diferenciado de la edición mainstream, por lo general a cargo de estructuras editoriales de grupos multimediales, en su mayoría transnacionales, seguramente el tipo de experiencia editorial que tuvo (que sufrió) Altuna, que dista de ser el único tipo de experiencia editorial a la que un autor puede aspirar.
De cualquier manera creo que su manifestación es válida y denuncia una falencia de una actividad que no cuenta con un colegio profesional propio o un código deontológico. ¿Quizás sea momento de comenzar a fijar algunos criterios éticos y pautas de conducta profesional que rijan la edición en el futuro?
Personalmente creo que Orsai, emprendimiento cultural de calidad al que deseo el mayor de los éxitos, es una especie de excepción. Una muy interesante que se pregunta por situaciones a la que los editores apenas si asomamos. Por ejemplo, la política de precios diferencial en distintos países (que propone Orsai) representa un particular esfuerzo de solidaridad con los lectores menos pudientes según el principio socialista de pedirle a cada uno según su posibilidad. Pero creo que, por el momento al menos, debe entenderse de esa manera: como una excepción y no como un nuevo parámetro sobre la circulación de las publicaciones y la redistribución de lo percibido (entre editor y autor) por cada ejemplar. Y aun en el caso en que los años demuestren la perdurabilidad y auto-sustentación del proyecto, creo que este puede construirse sin la descalificación de la tarea de mediación cultural de otros trabajadores del sector.
Desde mi punto de vista ambos autores quedan en orsai. Pero claro, el que avisa no es traidor, y si nos ha servido para realizar esta reflexión, quedamos agradecidos.

*El autor es editor de La Marca editora e Interzona

sábado, 8 de octubre de 2011

El Pibe Chacarita

  El acróbata ruso 
Talàn, talàn, talàn... / pasa el tranvía por Tucumán. / “Prensa”, “Nación” y “Argentina”  / gritan los pibes de esquina a esquina...
Talàn... Talàn... (1924)  Tango de Alberto Vacarezza y Enrique Delfino.

            En aquel entonces, previo al año 1951, aún no había llegado la televisión a nuestros hogares.  Las familias mantenían algunas costumbres tradicionales tales como: el de almorzar y cenar con la presencia de todos sus miembros, las mujeres dedicarse a las tareas hogareñas, los niños con sus obligaciones escolares y juegos infantiles, los varones mayores como únicos proveedores económicos, el respeto hacia los adultos, el cuidado de los ancianos y enfermos de la parentela, las comidas caseras, las tertulias, la relación armónica con la escuela, el radiorreceptor, el cine del sábado por la noche, el hábito de la lectura...
Era común en los hogares que se compraran uno o dos diarios por día.  Por la mañana aparecían: “El Mundo”, “La Prensa” con el atractivo de los avisos clasificados laborales, “La Nación”, “El Diario”, “Democracia”, “La Época”, entre otros.  Por el resto del día existían dos ediciones; la 5ª que salía en las primeras horas de la tarde y la 6ª que llegaba a los puestos de diarios cerca de las 21hs.  Los domingos por la noche  los simpatizantes del fútbol, luego de ver la pizarra del diario “La Prensa” ubicada en la Av. Federico Lacroze esquina Av. Forest, esperaban a esta última tirada haciendo largas colas. Los diarios de esas impresiones eran: “La Razón”, “Crítica”, “Noticias Gráficas”.  Cuando mi padre regresaba al mediodía a almorzar, lo hacía acompañado por un ejemplar del diario “El Mundo”.  De inmediato yo leía las historietas. “Trick y Tracke”, “Periquita, hace lo que puede”, “Tancredo” y las noticias del fútbol.  Para darles una idea a los más jóvenes, en ese tiempo los diarios costaban diez centavos.  El sueldo de un bancario o un empleado público oscilaba en los ciento veinte pesos mensuales, con estos atributos ellos eran codiciados por las señoritas con ambiciones matrimoniales.
Las familias con cierto poder de adquisitivo también compraban revistas,  Para los que cursaban el primario: el “Billiken” o “Mundo Infantil” o las de aventuras “El Tony”, “Superman”, “Intervalo”, “TiBits”o las historietas, “Pif Paf”, “El Pato Donald”.  Las de interés general: “Caras y Caretas”, “El Hogar”, “Leoplan”, “Fray Mocho”.  Para las señoras: “Damas y Damitas”, “Vosotras” o “Maribel” y para enterarse de los espectáculos: “Radiolandia”, “Sintonía”.  Los amantes del deporte leían: “El Gráfico”, “Goles”, “La Cancha” o “Mundo Deportivo”.  A fin de año aparecía el “Libro de Oro de Patoruzù” al “inalcanzable valor” de cuarenta centavos.  Para las notas policiales y escándalos estaba “Ahora” un semanal en blanco y negro.  Una revista que tuvo una gran aceptación fue “Rico Tipo” la creación de Divito que impuso una moda en el vestir de los jóvenes y una imagen física para las chicas.  Un poco más cercano a nuestros días surgía el humor político de “Tía Vicenta”...
Las paradas de diarios más importantes cercanas a mi domicilio en Chacarita eran las establecidas en las Avenidas: Corrientes y Federico Lacroze, Corrientes y Jorge Newbery, Forest y Federico Lacroze, Jorge Newbery y Córdoba o Alvarez Thomas y Federico Lacroze.  Una más nuestra era la de Guevara y Olleros de la Familia Caram, donde un descendiente, “El Tete”, era el director de la Murga “Los Pecosos de Chacarita”.  Pero mi intención es recordar a un canillita del barrio que su lugar de trabajo era muy particular, estaba sobre todos los medios de locomoción público que pasaban por Guevara y Jorge Newbery.  Por su fino y escaso cabello pelirrojo fue bautizado por los vecinos como “El Ruso”, sólo se sabía que su nombre era Luis, pero se ignoraba su historia familiar.  Aparecía todas las jornadas con un traje con saco cruzado de color marrón arratonado por su exposición permanente al aire libre y una gorra con visera.  Era un personaje de unos cincuenta años de aquellos, muy delgado y fumador de los cigarrillos rubios “Columbia” de veinte centavos.  Por su pasión turfística pasaba largo tiempo con Raúl Patria, el librero de la esquina, otro “burrero” y apasionado por el juego.  Para entonarse, con sus diarios sostenidos por un correaje, asistía al despacho de bebidas de Nicanor Álvarez.  Cuando ingresaba sobre el rústico piso de madera le hacía una seña al dueño o a su señora, “Doña María”, ellos la decodificaban como una:  Grapa “Chissotti”o “Valleviejo”, “Ginebra Bols”, “Ferro Quina Bisleri” o un “Amaro Monte Cudine”...
Desde las primeras horas de la mañana “El Ruso” se ubicaba en el cruce de Jorge Newbery y Guevara, esperando el paso de los tranvías 94 y 95 y el ómnibus 18 de la Compañía Libertad más conocido por “La Chancha  Tenía una técnica especial para ascender a los vehículos en movimiento, subía primero su pierna derecha y con la mano de ese sentido tomaba el pasamano con seguridad,  Sus giros, por las formas y vuelos, se asemejaban a los de un bailarín de ballet.  Una vez que estaba sobre el piso del vehículo asomaba su voz templada en los finales de los hipódromos para exhalar un sonoro: “¡Diaaaarioooos y Reviiiiistaaas!”  Algo similar ocurría cuando descendía por la puerta delantera de esos medios de transporte en marcha, conseguía una desaceleración en sus “aterrizajes” con una absoluta precisión y seguridad. 
Un día de esos en que nadie advierte que hubo un cambio en la escenografìa barrial, desaparecieron los tranvías y “la Chancha”.  En su reemplazo llegaron los nuevos ómnibus plateados con una franja azul en el medio, los llamados “Leyland” y “Mack”, tenían frenos y cierre de puertas neumáticos además la amortiguación hidráulica.  “El Ruso” para acceder al interior de esos vehículos debía contar con la autorización del guarda para la apertura de las puertas, quedando restringidas sus piruetas voladoras.  Ya no tenía esa etapa de su vida el vértigo de aquellos días, en el cruce de Guevara y Jorge Newbery, volando por los estribos de los vehículos públicos para ofrecer los diarios.  Cuentan los sabios del barrio que, con su desamparo colgó en el ropero su traje marrón arratonado, la gorra con visera y desactivó los impulsos de su cuerpo aerodinámico diseñado para andar por los aires.
Existe una leyenda urbana que expresa que cuando “El Ruso” desapareció de su “parada aérea”, una bandada de aves con su plumaje marrón arratonado proveniente del Parque Los Andes se instaló en el lugar.  Se puede apreciar que lo evocan, con el vuelo concéntrico que realizan entorno a las unidades de la Línea de Colectivos 39, en cada una de sus partidas y llegadas a la terminal de Guevara y Jorge Newbery...


viernes, 7 de octubre de 2011

El papel del librero en el siglo XXI

Muchos empiezan a acusar al ebook, de matar a la librería tradicional, si bien es cierto que más que el ebook quizá sea la implantación de la compra por Internet la que ha comenzado a revolucionar no sólo el sector de las ventas de libros, sino el de la tienda tradicional.
Hay que recordar, no obstante, que los centros comerciales y las grandes cadenas dedicadas al libro ya iniciaron el declive de las pequeñas librerías de barrio. Ahora parece que el libro electrónico es el demonio, pero el negocio del ebook no llega ni para arañar a las librerías más humildes; es fácil construir titulares periodísticos bajo el miedo a lo nuevo, pero, sinceramente, ha hecho más daño la fuga de compradores a las grandes cadenas de librerías que todos los libros electrónicos vendidos hasta la fecha.

miércoles, 5 de octubre de 2011

EL CUMPLEAÑOS DEL QUERIDO AMIGO ROLO SIMO

Emotivo cumpleaños de nuestro amigo Rolo Simó en la Asociación de Fomento Federico Lacroze
En la foto a la izquierda Luciana Benelli, en el centro Claudia P. Moretti de Alicata, a la derecha Jorge Alicata, editor de la revista Aquende Parado: El homenajeado: Rolo Simó (un tipazo que nos honra con su amistad) Felices 70 años!!!!!
Foto sacada por Analía Simó

Qué es leer bien


En los últimos años ha sido muy común presentar el tema de la lectura como esencialmente cultural lo cual, en un principio, no tendría que ser puesto en tela de juicio; sólo que la mayor parte de las presentaciones tiene u carácter cuantitativo: más cultura, más lectura.
Viendo las cosas desde este lado, resulta que una comunidad considera que la lectura más corriente que se lleva a cabo en su seno es pobre, ya sea porque se lee mal o porque se lee lo que no corresponde. Es así que de la relación entre la verificación y la necesidad surge la idea o la intención de corregir tal deficiencia con la finalidad de contribuir a un mejoramiento generalizado de la cultura en cuestión.
Es así que, si bien se trata de leer textos imprescindibles se debe hacerlo de manera apropiada y adecuada-mente. Los intentos de corregir la lectura deficiente giran en torno a estos aspectos pero, por cierto, sin definición de uno ni del otro; la relación con ellos descansa sobre supuestos ideológicos.
En la enseñanza o promoción de la lectura los textos que se leen es lo menos importante y aun su lectura puede ser culturalmente nociva si no se realiza desde cierta posición que extraiga de ellos su máximo provecho.
Los obstáculos de la lectura
Son tres las clases de obstáculos que se encuentran en la lectura que realiza una comunidad; si por un lado son causa de sus deficiencias, por el otro inciden en el intento de corregirlas.
El primero es de naturaleza social y tiene que ver con el sistema productivo en general, en la medida en que de éste dependen posibilidades culturales y aún su identidad. El segundo reside en la oposición competitiva que ofrecen a la lectura otros sistemas de simbolización, los comúnmente llamados “medios masivos de comunicación”, especialmente los visuales, kinéticos o gráficos.
Existe un tercer obstáculo: se trata de los supuestos sobre los que, solapadamente, descasa la idea que se tiene usualmente de la lectura y de sus efectos o posición en el complejo cultural. De ellos surge una pedagogía que es más bien una pseudopedagogía en la medida en que deja las cosas igual pretendiendo haber llevado a cabo una acción.
El objeto lectura: su identidad
Por cierto que hay que saber leer o, lo que es lo mismo, poseer una competencia, la lectura es ya otra cosa, es una actualización operativa de la competencia, es una realización y, como tal, una construcción que se erige entre un individuo y un texto pero también desde una cultura que opera en el individuo y en el texto y que recoge los resultados de la realización.
De este modo, podría afirmarse que no es un objeto neutro o puramente instrumental, su alcance es siempre mayor y va más allá de tal instrumentalidad; si, por un lado promueve una distribución de valores, por el otro es un objeto de escapatoria constante porque puede, en la forma que adopta, exceder lo previsible de una intención o un designio.
El primer valor que la lectura instaura reside en la diferencia que establece entre quienes están en condiciones de ejecutarla o quienes son ajenos a ella o carecen del saber que permitiría ejecutarla.
Ahora bien, ya se señaló que la lectura es un “objeto de conocimiento”; puesto que es una actividad, no podría entenderse su identidad de objeto como un inmanencia; la identidad que pueda tener surge de una posición: la lectura está entre un sujeto que posee cierto saber , un objeto sobre el que se realiza y que la suscita, y el conocimiento que procura. Aplicaremos entonces, el nombre de texto al objeto sobre el que se ejerce la lectura, escrito o no, y entenderemos que la lectura mantiene con él una relación homológica de seguimiento sin perder por ello nada de su forma.
Tipos de lectura
Existen tendencias genéricas que agrupan lecturas en tipos reconocibles o definibles a partir de predominios o debilidades del mismo signo en un elemento en todas las células de una cadena completa. De este modo, cierta forma de ver o interpretar , asumida en una época o propia de un conjunto de sujetos por razones de cultura, de clase o de generación, da lugar a tipos de lectura, en el sentido de sistema de leer o de lo que se busca en un texto, vinculados también a la eficacia en la producción de conocimiento.
Niveles de lectura
Los niveles son tres: el literal, el indicial y el crítico.
Llamamos “literal” a la lectura más espontánea e inmediata que se pueda hacer; es el primer momento de un proceso aunque quienes la practican permanecen en ella sin proseguir el proceso. Se considera a la letra como instrumento para otra cosa, que valora más y, por lo tanto, a lo que atiende.
En cambio, la lectura “indicial” es la de señales, de registros, de observaciones, de reacciones que son como indicios de una organización superior, no formulada cuando se realizan. Esos indicios surgen como prolongaciones de sistemas diversos que actúan de manera no concluyente sino aclaratoria y puntual y que pueden aún ser heterogéneos; lo que llamamos letra, es decir la “escritura”, aparece en esta lectura como enigma o como amenaza.
La lectura “crítica” sería, en este esquema, culminatoria, es la que organiza indicios de forma tal que si por un lado se recupera todo lo que la literal ignora y la indicial promete, por el otro es capaz de canalizar de manera orgánica el conocimiento producido en todo el proceso de lectura. Es un objetivo, no el resultado del oficio de los críticos, e implica no sólo el ejercicio de las mayores sino también una mayor conciencia de la lectura. La lectura crítica es una lectura “deseable” a la que debería tender de modo que llegue a ser la lectura de todos.
Noe Jitrik

sábado, 1 de octubre de 2011

¿Se acuerdan de este juego?



La etapa más vertiginosa del progreso humano ocurrió entre 1978 y 1982, cuando los juguetes, que hasta entonces habían sido pelotas inanimadas y baleros sin sabor, fueron convirtiéndose intempestivamente en artefactos a batería o en juegos complicados con infinidad de complementos.
Mi vida, ya harto de jugar con el tiki-taka, se vio entonces arrasada por el conocimiento y la aventura. La primera maravilla llegó después del Mundial '78 y se llamó EL CEREBRO MÁGICO.
No sé explicar este aparato desde la razón, por lo tanto utilizaré las emociones: EL CEREBRO MÁGICO era algo que de un lado tenía preguntas y del otro lado tenía respuestas. Lo demás, como su palabra lo indica, era fruto de la magia más hermética. Gracias a un mecanismo secreto —que es el día de hoy que no logro entender—, si tocabas una pregunta con un cable y la respuesta acertada con otro cable, ¡zas!, se prendía una lucecita y te hacía, además de sabio, inmensamente feliz.
Con este primer juego del futuro supe, por ejemplo, que Ameba no era un país y que Fangio había nacido en la misma ciudad en donde vieron la luz los alfajores Balcarce.
Sólo había una pregunta que EL CEREBRO MÁGICO no contestaba: la pregunta era "cómo funciona EL CEREBRO MÁGICO ". El día que lo desarmé para ver cuál era el truco, descubrí que cuando rompés un juguete del futuro todas las preguntas del mundo vuelven a ser un misterio: la luz de la sabiduría nunca volvió a encenderse.
Pasaba horas haciendo conexión entre preguntas y respuestas, como queriendo tratar de acordarme de ellas en las próximas oportunidades de jugar con este aparato y demostrar a mis compañeritos y amigos lo sabio que era al conocer casi todas las respuestas.
Creo que alguna vez logré hacer una versión mínima de este juego y comprender su secreto, porque cuando te empecinás en querer algo, se te van los días y noches hasta lograrlo.
Gran recuerdo de otra maravilla de mi juventud.
La persona que lo fabricaba lo hacia en el barrio de Colegiales, no recuerdo su nombre pues me lo dieron allà por 1988 y perdí el papel. Pero bueno es un juego made in Colegiales....