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miércoles, 5 de octubre de 2011

Qué es leer bien


En los últimos años ha sido muy común presentar el tema de la lectura como esencialmente cultural lo cual, en un principio, no tendría que ser puesto en tela de juicio; sólo que la mayor parte de las presentaciones tiene u carácter cuantitativo: más cultura, más lectura.
Viendo las cosas desde este lado, resulta que una comunidad considera que la lectura más corriente que se lleva a cabo en su seno es pobre, ya sea porque se lee mal o porque se lee lo que no corresponde. Es así que de la relación entre la verificación y la necesidad surge la idea o la intención de corregir tal deficiencia con la finalidad de contribuir a un mejoramiento generalizado de la cultura en cuestión.
Es así que, si bien se trata de leer textos imprescindibles se debe hacerlo de manera apropiada y adecuada-mente. Los intentos de corregir la lectura deficiente giran en torno a estos aspectos pero, por cierto, sin definición de uno ni del otro; la relación con ellos descansa sobre supuestos ideológicos.
En la enseñanza o promoción de la lectura los textos que se leen es lo menos importante y aun su lectura puede ser culturalmente nociva si no se realiza desde cierta posición que extraiga de ellos su máximo provecho.
Los obstáculos de la lectura
Son tres las clases de obstáculos que se encuentran en la lectura que realiza una comunidad; si por un lado son causa de sus deficiencias, por el otro inciden en el intento de corregirlas.
El primero es de naturaleza social y tiene que ver con el sistema productivo en general, en la medida en que de éste dependen posibilidades culturales y aún su identidad. El segundo reside en la oposición competitiva que ofrecen a la lectura otros sistemas de simbolización, los comúnmente llamados “medios masivos de comunicación”, especialmente los visuales, kinéticos o gráficos.
Existe un tercer obstáculo: se trata de los supuestos sobre los que, solapadamente, descasa la idea que se tiene usualmente de la lectura y de sus efectos o posición en el complejo cultural. De ellos surge una pedagogía que es más bien una pseudopedagogía en la medida en que deja las cosas igual pretendiendo haber llevado a cabo una acción.
El objeto lectura: su identidad
Por cierto que hay que saber leer o, lo que es lo mismo, poseer una competencia, la lectura es ya otra cosa, es una actualización operativa de la competencia, es una realización y, como tal, una construcción que se erige entre un individuo y un texto pero también desde una cultura que opera en el individuo y en el texto y que recoge los resultados de la realización.
De este modo, podría afirmarse que no es un objeto neutro o puramente instrumental, su alcance es siempre mayor y va más allá de tal instrumentalidad; si, por un lado promueve una distribución de valores, por el otro es un objeto de escapatoria constante porque puede, en la forma que adopta, exceder lo previsible de una intención o un designio.
El primer valor que la lectura instaura reside en la diferencia que establece entre quienes están en condiciones de ejecutarla o quienes son ajenos a ella o carecen del saber que permitiría ejecutarla.
Ahora bien, ya se señaló que la lectura es un “objeto de conocimiento”; puesto que es una actividad, no podría entenderse su identidad de objeto como un inmanencia; la identidad que pueda tener surge de una posición: la lectura está entre un sujeto que posee cierto saber , un objeto sobre el que se realiza y que la suscita, y el conocimiento que procura. Aplicaremos entonces, el nombre de texto al objeto sobre el que se ejerce la lectura, escrito o no, y entenderemos que la lectura mantiene con él una relación homológica de seguimiento sin perder por ello nada de su forma.
Tipos de lectura
Existen tendencias genéricas que agrupan lecturas en tipos reconocibles o definibles a partir de predominios o debilidades del mismo signo en un elemento en todas las células de una cadena completa. De este modo, cierta forma de ver o interpretar , asumida en una época o propia de un conjunto de sujetos por razones de cultura, de clase o de generación, da lugar a tipos de lectura, en el sentido de sistema de leer o de lo que se busca en un texto, vinculados también a la eficacia en la producción de conocimiento.
Niveles de lectura
Los niveles son tres: el literal, el indicial y el crítico.
Llamamos “literal” a la lectura más espontánea e inmediata que se pueda hacer; es el primer momento de un proceso aunque quienes la practican permanecen en ella sin proseguir el proceso. Se considera a la letra como instrumento para otra cosa, que valora más y, por lo tanto, a lo que atiende.
En cambio, la lectura “indicial” es la de señales, de registros, de observaciones, de reacciones que son como indicios de una organización superior, no formulada cuando se realizan. Esos indicios surgen como prolongaciones de sistemas diversos que actúan de manera no concluyente sino aclaratoria y puntual y que pueden aún ser heterogéneos; lo que llamamos letra, es decir la “escritura”, aparece en esta lectura como enigma o como amenaza.
La lectura “crítica” sería, en este esquema, culminatoria, es la que organiza indicios de forma tal que si por un lado se recupera todo lo que la literal ignora y la indicial promete, por el otro es capaz de canalizar de manera orgánica el conocimiento producido en todo el proceso de lectura. Es un objetivo, no el resultado del oficio de los críticos, e implica no sólo el ejercicio de las mayores sino también una mayor conciencia de la lectura. La lectura crítica es una lectura “deseable” a la que debería tender de modo que llegue a ser la lectura de todos.
Noe Jitrik

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